Tengo que confesar que desconfío de este color.
A pesar de que he llegado a usarlo mucho, con recelo.
En primer lugar, si mi hija fuera a ir al baile,
este fucsia para ella yo no elegiría.
Sin embargo, ella sí lo haría.
Quiero decir que somos la clase de gente
que cierra la puerta a las diez,
después de comprobar
que el perro ha dado el paseo
que ha entrado el gato
que la violeta africana se ha regado
que la luz del sótano se ha apagado.
Y mientras hacemos nuestras tareas,
arropando a los pequeños y rezando una oración,
3607 está fuera en el bar,
¡bailando con alguien llamado Antón!
¿Qué puedes hacer con un color así?
¿Encerrarlo?
¿Quitarle la pulsera del tobillo?
¿Hacer que se apunte a informática?
No, tú, viejo estirado, sólo déjalo ser como es,
elevarse en sus alas de neón
hasta el coro de la barra de labios.